"Las palabras valen en primer lugar por su ritmo, su canto"- Michèle Petit
Es pregunta recurrente en foros y conferencias si yo pienso en mis lectores cuando construyo un libro álbum. Generalmente respondo que prefiero dejarme llevar por la historia, pues al final es la que manda en este asunto de escribir. Siempre aclaro que mi respuesta tiene una excepción, y es cuando escribo para niños que forman ese grupo que llaman la Primera Infancia. Dentro de ese universo las reglas cambian, pues la forma de lectura es distinta.
El álbum para un niño en sus tres primeros años es mucho más que un libro y a la vez algo diferente. El libro es la voz y el abrazo de quien lo lee, la entonación, el ritmo, la musicalidad del lenguaje. El texto y las imágenes no las lee el niño en su primera infancia como un relato de significados, sino como un objeto cultural que alimenta ese universo inmenso que absorbe sediento y que forma parte del equipaje que va a llevar a su niñez y luego a su desarrollo como adulto.
Como bien dice Yolanda Reyes en su libro "La casa imaginaria", ese equipaje trasciende el uso utilitario del lenguaje y, más allá del significado literal de las palabras, lo que se transmite es una experiencia estética, y como experiencia estética debe procurar ser armónico, musical, rítmico.